La trata de personas es un problema social en todo el mundo. A finales del siglo XIX se le conocía como “trata de blancas”; acción que separaba a mujeres y niñas de sus lugares de origen para comerciarlas como mano de obra, servidumbre u objetos sexuales. Esta acción dio pie a la creación de diversos tratados en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como el Convenio para la Represión de la Trata de Personas y la Explotación de la Prostitución.
Desgraciadamente, los índices han aumentado, ya que no solo se comete dicho delito con fines de explotación sexual, sino que también se han encontrado casos de explotación laboral o de extirpación y comercialización de órganos, tejido o de sus componentes de una víctima de trata. Por lo tanto, la trata de personas, al tener un sinnúmero de modalidades, deja de ser exclusivo de un género, edad, grupo social o nacionalidad.
Actualmente, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) la define así:
«La trata de personas se presenta cuando una persona promueve, solicita, ofrece, facilita, consigue, traslada, entrega o recibe, para sí o para un tercero, a una persona, por medio de la violencia física o moral, el engaño o el abuso de poder, para someterla a explotación sexual, trabajos o servicios forzados, esclavitud o prácticas análogas a la esclavitud, servidumbre, o a la extirpación de un órgano, tejido o sus componentes».
La CNDH protege los derechos en relación a la trata de personas, y el marco jurídico nacional cuenta con la Constitución Política, el Código Penal Federal y los Códigos Penales de las entidades federativas, la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia de las Víctimas de estos Delitos y el Reglamento de la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas, entre otras legislaciones con que contamos.

En nuestro país es evidente que la trata de personas representa uno de los delitos más recurrentes; ya que está vinculado a los grandes flujos migratorios, la pobreza y la delincuencia organizada. Por lo tanto, las personas más vulnerables de ser víctimas de este delito son las mujeres, niños y los inmigrantes indocumentados. Es por esto que es de suma importancia conocer las estrategias de los tratantes, para evitar ser víctimas de este delito, algunas de ellas son las siguientes:
- Hacen promesas de un empleo bien remunerado y un mejor nivel de vida.
- Prometen que van a hacer realidad los sueños de las víctimas, como convertirlas en modelos o actrices.
- Hacen creer a las víctimas que las van a ayudar a cruzar la frontera de algún país.
- Enamoran o proponen matrimonio a la víctima.
Todos estos supuestos se han visto favorecido por la incipiente regulación de las redes sociales: a continuación, damos algunas recomendaciones para la protección de los niños, niñas y adolescentes que utilizan redes sociales:
- No se citen con alguien que haya conocido en la red.
- Asegúrate de no utilizar sus nombres completos.
- No brindar información que las/los pueda identificar.
Por lo tanto, es importante saber qué podemos hacer si somos víctimas de este delito. Para recibir orientación o denuncias sobre posibles víctimas de trata: llamar al 911, al 088 de la Guardia Nacional o escriibir al correo electrónico [email protected] de la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia Contra las Mujeres y Trata de Personas, también pueden comunicarse al teléfono 55 53 46 25 16, que brinda sus servicios las 24 horas del día los 365 días del año.
Ninguna persona elige ser vendida y explotada; eso es trata de personas.








