La cultura de donación de sangre en México, a pesar de su difusión periódica, aún no se desarrolla con relación a lo que se necesita. Según la OMS el 14 de junio de cada año se celebra el Día Mundial del Donante de Sangre para agradecer a los donantes voluntarios no remunerados y así concienciar de la necesidad de hacer donaciones regulares para garantizar la calidad, seguridad y disponibilidad de sangre y sus productos.
Las transfusiones de sangre y sus productos ayudan a salvar millones de vidas al año. Contribuyen a que pacientes con enfermedades potencialmente mortales vivan más tiempo con mejor calidad de vida, y posibilitan la realización de intervenciones médicas y quirúrgicas complejas. Asimismo, tienen una función vital en la atención materno infantil, el embarazo y las respuestas de emergencia a los desastres naturales o causados por el hombre.
Los servicios de sangre que permiten a los pacientes acceder a sangre y productos sanguíneos seguros en cantidades suficientes son un componente clave de los sistemas de salud eficaces. No obstante, en muchos países los servicios de sangre siguen teniendo problemas para ofrecer sangre suficiente y garantizar su calidad y seguridad. Por ello es imprescindible que sigamos fomentando esta cultura de donación, y qué mejor, que siendo pilares de ejemplo.
Durante la pandemia del Covid-19 este servicio en muchos hospitales de segundo y tercer nivel de atención se vieron afectados, de la tal manera que, esta terapia no podía ser efectuada por el personal de salud, y ahí fue que recordamos las palabras de Florence Nightingale (Madre de la enfermería moderna):
“Si puedes curar, cura; si no puedes curar, alivia; si no puedes aliviar, consuela; y si no puedes consolar, acompaña”.

Y fue bajo ese precepto que decidimos como personal de Salud ser la fuente primaria de donación, en donde nuestros esfuerzos no se vieron limitados a la carga laboral del momento, el cansancio, la frustración por tantas pérdidas humanas, duelos inconclusos. Nuestro profesionalismo y vocación se convirtieron en los pilares básicos para realizar esta importante tarea.
De esta forma pudimos ayudar a muchos usuarios, de todas las edades no solo con nuestro conocimiento ni fundamentos, sino con nuestro factor humanístico. Durante nuestra formación profesional podemos aprender fundamentos teóricos y prácticos que nos ayudarán a ejercer una práctica profesional de calidad, pero es la vocación y actitud de servicio lo que nos llevará a hacer cosas que a la mente humana resultan imposibles.
La emergencia sanitaria fue la oportunidad para que la práctica profesional de enfermería retomara su valor, proceso en el cual la profesionalización de enfermería fuera vista desde cualquier ángulo.
“La enfermería es como una manía, una fiebre en la sangre, una enfermedad incurable que una vez contraída no se puede curar. Si no fuera así, no habría enfermeras” M. Dikens
La cultura de la donación de sangre seguirá implicando un reto. Aún hay muchas barreras, resultado de la ignorancia por las etiquetas que establecen un juicio negativo; como lo es el donador con presencia de tatuajes, los eventos adversos derivados de una transfusión, el perfil del donador, entre otros mitos que desde nuestra trinchera como enfermeras trabajaremos para concientizar, educar y erradicar.








